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Vuelvo a volver...

Exacto. Vuelvo a volver, una vez más, como tantas otras... Esta vez también vuelvo con el propósito de quedarme durante más tiempo. Sé que no son muchos los que solían leerme, pero quizá a algun@ le alegre verme de vuelta. Seguiré contando cómo va esta vida en blanco y negro en la que, afortunadamente, de cuando en vez cae algún chorretón de color.
Para la gente que me seguía por aquí y con la que no tenía contacto alguno, os pongo al día de lo qué han sido mis últimos meses de vida. No han pasado cosas importantes, la verdad, se me han frustrado algunos planes, como siempre, y ahora me vuelvo a encontrar en esa maldita encrucijada tan familiar, sin saber si seguir hacia un lado u otro, aunque reconozco que más de una vez me he planteado volverme para atrás.
Mis planes de irme a Londres iban perfectos hasta que el azar, el destino, o vaya usted a saber qué, les dio la vuelta y me los tiró por el suelo. Conclusión: en marzo termino el curso, me queda un mes de estrés y su correspondiente estrés postraumático; después, me quedan tres meses de prácticas en empresa por delante, que finalmente haré en Pamplona. Y después... Espero recaer en una empresa en la que no haya EREs ni historias, que la crisis les haya afectado de manera positiva y puedan darme un trabajo estable y de lo mío. O sea, que espero que me toque la lotería. Crucen los dedos y aprieten el culo, señores, que la menda necesita trabajar y hacer vida de adulta, salir del instituto, dejarse de apuntes, clases donde la gente no tiene más motivación que pasar el rato hasta que puedan salir a pasear en el coche que papá les ha comprado... En fin, salir de todo esto.
Por el resto, pocas novedades... Sigo compartiendo piso y sigo buscando compañeros nuevos cada dos por tres, que parece que todo el mundo viene de paso. Eso sí, M. y yo tenemos pensado largarnos las dos. Un apartamento chiquito, acogedor y BARATO en el Casco Viejo de Pamplona sería genial. Se admiten sugerencias y ofertas. Aunque el paro no ayude mucho, espero salir de esta.
La misma gente, los mismos sitios (aunque cierran nuestro local favorito por obras, y no sé qué va a ser de nosotras), los mismos horarios, el mismo salir corriendo cada sábado al mediodía para coger el bus e irme al pueblo a trabajar de ilegal durante doce horas el sábado y otras doce el domingo. Sí, ilegal. Pero, amigos míos, si una hace las cosas por lo "legal", no vive, y hay alquileres y facturas que pagar. Lo de comer y eso parece ser secundario en estos tiempos que corren.
Sé que hay gente que está peor que yo, y gente que está mejor. Yo me quejo, porque no estoy agusto y porque me da la gana. Supongo que un compañero de fatigas ayudaría, pero ese tampoco aparece por ningún lado... Sin embargo, ayer dos personas, masculinas las dos, me dijeron que estoy muy guapa, y mira, esa frivolidad me alegró un poquito la existencia. Chorretón de color en mi vida en blanco y negro.
Mientras tanto, quién sabe, a lo mejor hoy vamos a tener un buen día...
Pamplona en blanco

Hoy la ciudad está en blanco. Hace un rato parecía que había pasado la tormenta, pero ha vuelto a oscurecer y de nuevo todo en blanco.
Nieva copiosamente sobre Pamplona, como hacía tiempo que no veía nevar. El quitanieves pasa una y otra vez, no en vano llevamos esperando esta gran nevada desde noviembre, así que no hay problemas para circular. En la calle, dos valientes niños se entretienen en bajar una cuestita con un trineo. Y yo vuelvo a hacer lo mismo que hacía de cría, sentarme junto a la ventana y mirar al cielo, mirar cómo cae la nieve hasta que me mareo y tengo que cerrar los ojos. A mis 26 años, la nieve hace que rejuvenezca por lo menos 20.
Adoro ver nevar, es algo increíblemente bello para mí (ya sé que soy una moñas, pero es mi problema), me relaja y, por el motivo que sea, me hace sentir bien. Hoy sin embargo ya me preocupa más, que tengo que coger el bus para irme a currar... Y tengo que llegar a currar, porque "Si no work, no money".
En fin, que hoy Pamplona esté en blanco, y espero que en mi pueblo también estén todos en blanco, porque lo que es yo, ya estoy vaciando mi mente a toda velocidad. Mirentxu también quiere estar en blanco.
Domingo
Siempre he odiado los domingos. Eran la antesala del horror, el día antes a la vuelta a clase o, en el peor de los casos, al trabajo que hacía de tu vida un asco. Sin embargo, he llegado a echar de menos esos domingos de no hacer nada y saber que estaba perdiendo el tiempo.
Odio trabajar como una ********* (insértese aquí el calificativo que más conveniente resulte) todo el fin de semana y tener exámenes el lunes. O el martes, que el lunes estoy tan agotada que no estoy, directamente, mi cuerpo vacio se mantiene despierto, pero no hay nadie en casa.
Reconozco que, generalmente, me lo paso bastante bien en el trabajo. Como buen bar, los domingos se compra el partido de Osasuna y sufrimos todos juntos, los parroquianos y yo, la directora de orquesta. Entre cafés y vinos, los hay quienes se comen el farias, los que se tragan el limón de la cocacola, y la que sufre un paro cardíaco cada vez que mis rojillos tienen que tirar un penalty (sí, yo). Acaba el partido, se va la marabunta y viene otra a cenar. Hoy, partido y cenas a la vez, que Dios me coja confesada, y que Osasuna gane, que si no me da algo.
Saldré sobre las 00.30 del curro, exactamente 9 horas y media después de haber entrado. Llegaré a casa y me pondré a estudiar francés. Me levantaré a las 5.30 y me iré a Pamplona en el bus de las 6.30, que a las 8.20 tengo examen de francés.
Este es mi domingo. No sé qué me deparará el lunes.
Deseadme suerte, por Dios...