Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2008.
25/03/2008
...el resto de las 101 cosas sobre mí
51. Empiezo muchos proyectos, sobre todo en el terreno creativo –como esta historia de hablar sobre mí - , y a menudo lo dejo a medias.
52. Baso mi felicidad en los demás (aunque haya gente a quien no le guste). Soy incapaz de estar sola, necesito gente a mi alrededor: familia, pareja, amigos… Vale que la gente pasa, y pocos se quedan pero, ¿Qué sería de nosotros cuando llegásemos a una edad completamente solos? Vale que la felicidad se la da uno mismo, pero la felicidad no es nada si no puedes compartirla con la gente a la que amas.
53. Soy una mimosa insaciable. Siempre quiero más. Los besos y los abrazos son mi pan de cada día. A mis amigas las achucho con frecuencia, creo que ya se han acostumbrado al tema, jejeje… Pareja, porque no tengo, pero más de uno ha sufrido mis arrebatos cariñosos.
54. Me encanta el helado de café, sobre todo el que hacen en la heladería del Boulevard de Donosti.
55. Tengo una pesadilla recurrente. Estoy teniendo un mal sueño (de cualquier tipo), y me despierto, aunque en realidad sigo soñando. No me puedo mover y me cuesta respirar… Soy consciente de que sigo dormida, así que me agito entera para despertarme. He llegado a tirarme de la cama, en mi intento por despertarme de verdad. Sé que puede parecer gracioso, pero no lo es. La angustia es espantosa.
56. Les tengo pánico a los perros. Pero pánico de verdad.
57. No soy feliz con la vida que llevo. Me gustaría hacer cosas, tener planes y proyectos que me llenen. Sin embargo, me limito a sobrevivir en el día a día (biziraun). Como un robot. Me encantaría cambiarlo, pero soy incapaz.
58. Tengo vértigo. Mucho vértigo. Los peores momentos de mi vida los recuerdo subiendo a la Torre Eiffel. Fue espantoso. También lo paso mal en los aviones (estoy yo dada para viajar…) aunque, paradójicamente, me encanta volar.
59. Cuando tengo una mala racha y ya no puedo ni respirar, siempre que me es posible, me gusta marcharme a sitios donde hay agua, para sentarme y relajarme. Si puedo, a Donosti, o a la orilla de un río, me da lo mismo, pero el murmullo del agua y la brisa del mar me despejan y me hacen sentir mejor.
60. Me encariño muy deprisa con la gente, confío en todo el mundo y me cae bien cualquiera. Me abro demasiado rápido con las personas que entran en mi vida, y eso trae como consecuencia demasiados batacazos. Poco a poco, voy viendo que me estoy cerrando, me muestro escéptica con los desconocidos e incluso un poquito borde.
61. Soy bastante llorona. Lloro con las películas, lloro leyendo un libro emotivo, y lloro con el anuncio de Cola Cao en que la madre de Dani Pedrosa nos cuenta los primeros pinitos de su hijo. Soy una magdalena con patas.
62. Por las noches, cuando duermo, me gusta estar tapada hasta las orejas. Da igual que sea invierno o verano, haga frío o calor, que yo siempre tengo frío y me tapo entera. Y siempre duermo con la ventana abierta, indistintamente de la temperatura de fuera.
63. Soy una maniática compulsiva de la ortografía. Me cuesta mucho leer cosas que están mal escritas. Soy una tiquismiquis, lo reconozco. Procuro no dejarme un acento fuera de lugar, y escribir todas las palabras bien. En los demás hay errores que puedo dejar pasar, todos los cometemos, pero me deja alucinada cómo escribe la chavalería hoy en día… ¡Me duelen los ojos cuando lo veo!
64. Cuando una persona no me gusta, trato de ser educada, y de llevarlo lo mejor que puedo, pero no soporto que me toquen. ¡Y eso que yo soy una tocona!
65. Me encanta ver caer la nieve desde mi ventana. Me fascina verlo todo blanco, cuando la gente aún no ha pisado la nieve. Me gusta salir los días de nieve, y pasear mientras me caen los copos encima. Al día siguiente, cuando ya no nieva más y la ciudad es un enorme charco marrón, aborrezco la nieve, la gente que la pisa, y los panolis que se ríen de mí cuando voy patinando por las aceras.
66. Soy de risa fácil. Muy fácil. Si me tumbo boca arriba, me da la risa floja, no lo puedo evitar. Y es incontrolable. Hay gente que puede atestiguarlo.
67. Me encantan los monólogos, desde que salió el club de la comedia me volví una fanática, sobre todo de Luis Piedrahita, me parto de la risa con él, aunque muchas veces desee pasarle las tijeras por la cabeza y cortarle ese flequillo que tanto trabajo le da a él y a los que lo vemos.
68. En verano quiero que llegue el invierno, y viceversa. Estoy deseando que empiecen los días de calorcito y sol (y eso que este invierno no ha sido precisamente frío).
69. Este número no me dice demasiado, aunque haga bromas… Vamos, lo que quiero decir es que muchas veces se me va la fuerza por la boca. Siempre estoy bromeando y soltando todo tipo de burradas, y luego, a la hora de la verdad, sólo soy una corderita romanticona con un puntito salvaje.
70. Cuando era pequeña, si mis padres reñían a mi hermana o mi hermano y estos lloraban, yo me ponía a llorar también. No sé si por solidaridad o por la penita que me daban…
71. Tengo una extraña afición por inventarme palabras, o modificarlas. “Ridículum vitae”, “escuchar unos cedeses”, “no me toques los pieses”, “te llamo para croquetar la cita”. Luego me cuesta mucho usarlas correctamente.
72. Hace poco me di cuenta de que soy la versión con tetas de Chandler Bing (el de Friends, ya sabéis). No puedo evitar hacer chistes. Da igual la situación en la que esté, que me cuesta un rato morderme la lengua para no hacer la gracia de turno. Bueno, a ver, que si hay que estar serios lo estoy, ¿eh?
73. No soporto ver sufrir a la gente que quiero. Soy buena escuchando y, aunque no sea la mejor dando consejos, no paro hasta que no consigo arrancarles, como mínimo, una sonrisa. Mi mejor arma es la risa. Puedo hacer reír al más serio. Soy un poco payasa, sí. Pero la risa cura, creedme.
74. Me encanta hacer teatro. Estuve en el grupo de teatro de mi pueblo durante muchos años, y ahora me encantaría ponerme con ello de nuevo. No cobrábamos un duro, pero solo la satisfacción de ver al público pasarlo bien ya era el mejor de los salarios. Suena tópico, pero es así, de verdad.
75. De pequeña me “enamoraba” de todos los guapos de la tele. Hay dos personajes que marcaron mi infancia y pre-adolescencia. McGyver y Son Goku (era un dibujo, sí, pero estaba cañón).
76. No tengo ningún problema a la hora de expresar mis sentimientos hacia otra persona, sean de tipo que sean, aunque me corta bastante la posible reacción. Por desgracia, no todo el mundo se toma bien los halagos y/o palabras amables.
77. Tengo muy poca autoestima. Soy la que no se lo merece, la que no lo conseguirá, la que lo hace mal. Siempre. Supongo que es lo que he mamado desde pequeña y, mira por dónde, acabé por creérmelo.
78. Adoro hacer planes con mis chicas. Preparar un fin de semana de casa rural puede ser tan o más divertido que el fin de semana en sí.
79. Odio tener los pies fríos.
80. ¡¡La sopa de mi abuela es la mejor del mundo!!
81. Soy alérgica a los ácaros del polvo. Cuando me enteré, decía que “soy alérgica al polvo doméstico, pero fuera de casa puedo follar lo que quiera”. Cinco años de vacunas y sigo siendo tan basta como siempre.
82. Cuando espero un e-mail o un mensaje del myspace, soy capaz de pasarme horas dándole al F5 como una posesa, como si así fuese a llegar antes.
83. En mayo me voy al Viñarock, hoy he ido a por las entradas, y estoy como una moto.
84. Aprendí a maquillarme hace sólo unos meses, antes me parecía una estupidez, una pijada. Ahora no soy capaz de salir de casa sin haberme pintado.
85. Me gusta cambiar de look cada cierto tiempo. He llevado el pelo de mil formas, tamaños y colores diferentes. He sido rubia, pelirroja, he llevado el pelo lila, negro azulado… Ahora sigo con el negro, pero me empieza a picar la hormona del “quiero el pelo rojo!”.
86. Me gustan los hombres grandotes. Me explico. Yo soy grande, y me gusta que me achuchen y sentirme protegida. Quiero un hombre grandote.
87. Soy un poco “culo veo, culo quiero”. Sobre todo cuando leo un libro o veo una peli. Si sale un hippie, quiero ser hippie. Si sale un escritor, quiero ser escritora. Si va de samuráis, quiero estudiar la cultura japonesa. A ver, no con todo, ¿eh? Por suerte, he visto películas de “gente de mal camino” y no ha pasado nada.
88. Los “Emo” me dan risa. En realidad, toda la gente que se cataloga en tribus urbanas o rurales me dan risa. O pena. O no lo sé. ¿Será porque yo soy un poco de todo?
89. Soy bastante tonta, y la gente me engaña con facilidad. No creo que cayese en el timo de la estampita, pero poco me faltaría. Lo último, mis ex-compañeras de piso no me devuelven la fianza de 200€ que puse al entrar en aquel antro. Ha pasado un año, lo sigo luchando, pero no tengo nada que hacer. Bye, bye, billetitos.
90. Todos los años, por San Fermin, acabo arreglando el mundo con los guiris. No lo puedo evitar. Pero necesito hablar con guiris para sentirme realizada.
91. Si algún día me encuentro cara a cara con Fito, le diré: “Tío, ¿de qué me conoces? ¿Por qué escribes sobre mí?”. Y después le daré un abrazo.
92. Soy una picona. Me pico con una facilidad pasmosa. Y lo peor es que me duele.
93. Me encanta hacer dibujitos de monigotes, dibujos para niños, colorearlos, manualidades de párvulos y cositas de esas. Me puedo pasar horas pintando… Ya, lo sé. Tengo 25 años, ¿y?
94. Siempre digo que no me importa lo que la gente piense de mí, pero lo cierto es que me afecta demasiado.
95. Soy muy dependiente de los demás. Necesito cariño constante, mimos, aprobación, buenas palabras, un hombro, una mano, lo que sea.
96. Me puedo pasar horas viendo vídeos chorras en el Youtube. Pero horas.
97. Me encantan Padre de familia, Friends, House, Anatomía de Grey… Antes no veía la tele, pero desde que estoy en el piso en el que vivo ahora, cada noche nos tragamos la que caiga. Y me engancho a todas…
98. También estuve enganchada a Gran Hermano. Sólo he visto dos ediciones. La primera, y esta última. Y los jueves de gala en mi casa era fiesta nacional. Cenita y Maider y yo en el sofá, animando y/o abucheando.
99. Soy una cotorra. No callo ni debajo del agua. Y lo odio. Estoy intentando cambiarlo.
100.Odio los insectos. Absolutamente todos. Arañas, bichos en general, gusanos, avispas, escarabajos voladores. Me asustan hasta las moscas. Grito, pataleo, y me pongo histérica.
101.Llevo media hora pensando en el remate final para esta sarta de tonterías sobre mí misma, pero no consigo que se me ocurra nada, o no encuentro ninguna guinda para este pastelón… Yo soy así, ocurrente cuando ya es demasiado tarde, y tonta perdida cuando tengo que pensar algo en el momento.
26/03/2008
Miedo al cambio.
Nunca he sido una persona que se caracterizase por su inteligencia, por su saber hacer, o por tomar la decisión más adecuada a cada momento y situación. Los seres humanos fallan, tropiezan, se equivocan, caen, tienen miedo… Y yo soy más humana que nadie.
Cuando dejé de estudiar para ponerme a trabajar, no escuché más que reproches. Mis padres, mis amigos, mis compañeros de clase, mis profesores… Dejé unos estudios en los que me desenvolvía como pez en el agua, a punto de terminarlos, porque ya no había dinero en casa. No he vuelto a recibir un céntimo de nadie. Pero eso no importa. Porque siempre hago las cosas mal.
A lo mejor alguien recuerda aquel post en el que ironizaba sobre la vida laboral en general, y la mía en particular. Nueve meses buscando otro trabajo para salir del sitio en el que me consumo, cobro poco, y tengo que aguantar cosas por parte de un compañero de las que no quiero ni hablar. En las empresas por las que pasaba pidiendo un puesto, resonaba el “Ya te llamaremos, gracias por venir”. Entre mi familia y amigos resonaba el “Ya te lo dije”. Y en mi cabeza sonaba el “Ya es hora de que os vayáis todos a tomar por culo”.
El caso es que, ironías de la vida, aquellos que me pagan mal y me explotan me han hecho uno de los regalos más bonitos que he recibido en mi vida. Lo mejor que me podía pasar a estas alturas de mi vida. Un despido (por “equis” motivos ajenos a mí), una indemnización, el paro durante bastante tiempo. Y la oportunidad de mi vida: terminar lo que dejé a medias hace ya unos cuantos años.
Me soltaron el “bombazo” cuando estaba a punto de firmar un contrato con otra empresa. Un trabajo de seis días por semana, mañana y tarde, aguantando quejas, sola en una oficina de atención al cliente, en una de esas compañías en las que te cobran por un servicio que realmente no te prestan. A la desesperada, como siempre. Me costó muchísimo reaccionar. Había ido allí dispuesta a mandar a freír espárragos (de malas maneras, todo hay que decirlo) a mis compañeros (a casi todos), a mis jefes, a la empresa, a los clientes y al mundo que giraba en torno a esta mierda. Y, en una fracción de segundo, tengo la mano de mi jefe en el hombro, y a él pidiéndome disculpas y agradeciéndome todo mi esfuerzo para con la empresa.
Salí del despacho con cara de no saber qué pasaba. Me senté en mi sitio y empecé a recoger mis cosas. Me daban plazo hasta junio, cuando se haría efectivo el despido pero, ¿para qué esperar? “Yo me largo de este agujero”. Una compañera, la mejor que he tenido en mi vida, me cogió del brazo y me llevó con ella. “Es tu oportunidad. Termina los estudios”, me dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Le bastó poco tiempo para lavarme el cerebro y hacerme llamar a la empresa con la que iba a firmar. Obviamente, para decirles que no iba.
Ya ha pasado algo así como un mes desde aquel día y, aunque la decisión está tomada, sigo rumiándolo todo. En la cabeza, en el estómago, en el bolsillo y, como no, en mi familia.
Seguiré aquí hasta el mes de junio, cuando finalice oficialmente mi contrato. Me embolsaré el sueldo, la paga extra y la indemnización. No tendré problemas cobrando el paro. La semana que viene iré a hacer la preinscripción para el segundo curso de Comercio Internacional. Seis meses de clases más tres de prácticas, más que seguro en Londres, que ya está hablado. Después… prefiero no pensarlo.
Me da miedo volver a estudiar. Me da miedo el fracaso. Me da miedo volver a estar en la misma situación en la que estoy ahora. Me da miedo lo que he tenido que oír: que soy un fracaso y al final he tenido que recular. Me da miedo que no se me dé tan bien como se me daba antes. Me da miedo ver que no se me apoya. Me da miedo todo.
Pero me da mucho más miedo abandonar(me) y no intentarlo. Deseadme suerte.
28/03/2008
malita.tv

¡Cómo son las cosas! He pasado más de un mes escribiendo de ciento a viento y hoy, de repente, me encuentro con que tengo mucho que contarle al mundo. Siento unas ganas irrefrenables de sentarme y escribir, dejar que todo salga hacia fuera, lo bueno y lo malo, las risas y las lágrimas. Tengo un montón de temas en la cabeza, esperando a que tire de la punta de uno de ellos para ir desenrollándolo a la velocidad de la luz, mientras yo me enrollo. Qué rollo, ¿no?
Vale, tonterías aparte… Voy a contar una de las cosas que tenía por ahí. Ayer estuve malita y no fui a trabajar por la tarde. Nada importante, algo que comí y me había sentado mal, creo. Fue un poco duro, pero después de agitarme durante un rato, como la niña del exorcista, conseguí echar el demonio fuera y, tras las secuelas físicas, vuelvo a mi vida de siempre. Ya sé que soy un poco gráfica, pero es realmente lo que pasó. Y es que yo tengo un problema. Cuando echo el demonio fuera, empleo toda mi anatomía, hasta el flequillo, de manera que luego me arrastro hasta la cama o el sofá, sacándole brillo al suelo, y me cuesta unas horas recuperarme.
Como en la cama me aburría, llegué arrastrándome como una bayeta vieja hasta el sofá. Me tapé con la mantita, encendí la tele y me dispuse a adormecer a mis neuronas. ¡Qué buen remedio es la tele cuando una está malita! No estás tan mal como para estar fuera de la cama, pero no lo suficientemente bien como para leer o hacer algo productivo. Eso sí, por si acaso, me llevé mis Memorias de una geisha, que me lo estoy leyendo por cuarta o quinta vez.
Con una mano en la barriga y otra en el mando a distancia, me di un agradable paseo por la televisión del siglo XXI. Lo de agradable fue al principio, riéndome de las tonterías que hacen Patricia Conde y Ángel Martín, viendo cosas curiosas, riéndome de todo el mundo a la vez que de mí misma. Ya, a lo mejor es un programa de lo más tonto, pero yo también soy bastante tontorrona, así que no debería de haber problema alguno. Ya hablaremos de este programa en post venideros, no os preocupéis…
Después del programa, empezó el baile de canales. Jamás pensé que fuese a echar tanto de menos la televisión digital, que sólo veo cuando estoy en casa de mis padres. Ninguna de las películas que tengo por casa me atraía lo suficiente, y no me apetecía estar en el ordenador, así que seguí pasando los canales, y aquello era como bajar rápidos en un río enfurecido y con muy mala leche.
Conseguí sobrevivir a los programas de la tarde de todos los canales, hasta que llegaron las noticias, Padre de Familia, el Hormiguero y Bones, buena serie, sí señor. Eso sí, las noticias me liaron aún más la cabeza.
El asesino de la niña Mari Luz ha sido detenido y lo llevaban a Huelva, junto con su hermana, para prestar declaración. Todo el pueblo en la calle, esperando para vengarse a su manera. Policía, pedradas, un par de periodistas heridos y todos para casa. Bueno, no sé cómo acabaría la cosa cuando ese individuo salió de allí de nuevo. No sé cómo funciona el tema de la justicia en España, no soy abogada, ni sé nada de leyes. Pero, ¿cómo pudo este señor, por llamarlo de algún modo, hacer algo así? Ya, porque es un asesino, pero no es ese tema al que me refiero. Una persona que abusa de menores, incluída su hija de cinco años, ¿cómo puede estar en la calle para matar a otra niña? Según escuché, se había dictado sentencia y debería de estar cumpliendo condena. Se persiguió y controlo mucho más a un par de mozos de mi pueblo que estaban escapados por insumisos, en los tiempos de la “entrañable mili”. En fin. Y encima lo protegen. Yo le hubiera dejado entrar solo, a ver qué pasaba.
Un hombre embarazado de cinco meses en Estados Unidos. Luego te cuentan que no, que en realidad no es un hombre propiamente dicho, que es un transexual que conservó los órganos reproductores femeninos con los que nació. No voy a entrar en el tema. Pero es sorprendente, cuanto menos, ¿no? La verdad, me alegré de que fuese un transexual. Es egoísta, raro y estúpido decir esto cuando aún no soy madre, pero quisiera que las mujeres siguiésemos teniendo la exclusiva.
El precio de la vivienda se desploma. Los promotores decían “¡Qué va, señora, estas son las mejores condiciones que va a encontrar jamás para comprarse una vivienda!”. Yo me pregunto si había lago de ironía o de mala leche en sus declaraciones. Ahora dicen que no. Que el precio va a caer un 8% durante este año. Vaya, sonrío para mis adentros y pienso que, a lo mejor, dentro de 7 u 8 años consigo comprarme un trastero. Por cierto, mi más sincera admiración para todos esos valientes que están metidos en el ajo de la propiedad actualmente. ¡Ojalá todos tuviésemos la determinación, los huevos, ovarios o lo que fuera, y las ganas!
En fin, que así fue mi tarde de ayer. Entre noticias, prensa rosa, agresiones, violaciones, cosas raras, canales, presentadores y más cosas raras. Lo cierto es que hoy ya me encuentro bien, no me duele nada, no ha vuelto a entrar en mí el demonio, no tengo fiebre ni me duele la cabeza. Eso sí, tengo la cabeza abotargada, descolocada, como si la tuviese debajo del agua. Estoy algo atontada, pero no ha sido ningún virus.
Ha sido la tele.
31/03/2008
Mi lunes. Este lunes. Hoy.

Es lunes. Y llueve. Odio los lunes. Y sigue lloviendo. Llevo desde las 9 de la mañana fuera de casa, y no llegaré hasta casi las 10 de la noche. Vuelve a hacer frío, y la gente que camina por las calles de Pamplona me parece fría y huraña, como el tiempo.
El sábado por la noche y domingo a lo largo del día me dedico a ver cómo todo el mundo discute a mi alrededor. Reproches, gritos, malas caras y cortes desproporcionados. Pienso que tranquila, que sólo será allí, es cuestión de menos de 24 horas. Mientras, miro caer la lluvia por el rabillo del ojo, fingiendo que no me entero de la discusión, que no me afecta. Cuando llego aquí, seguimos con más de lo mismo. Ya ni siquiera puedo dedicarme a observar al cielo llorar. Me entran esos nervios tan familiares en el estómago, y me voy a la cama.
Apenas me quedan unas páginas de Memorias de una geisha. Las apuro, a sorbitos pequeños, disfrutando cada palabra, y viéndolo todo en mi mente. Parece que ya no va a llover más. Bajo la persiana, apago la luz, y me acuesto de nuevo, ahora para cerrar los ojos y dormir.
Antes de dormir, me gusta soñar despierta. Imaginarme situaciones placenteras y relajantes. Un paseo por un prado verde, el mar, imaginar que vuelo, historias que luego incluyo en mis relatos. Sin embargo, hace ya algún tiempo que no soy capaz de hacerlo. Me acuesto, cierro los ojos, y empiezo a visualizar. De repente, en mitad de mi vuelo sobre prados y mares, aparecen facturas, riñas, peleas, euros y euros (dubidú), búsquedas de un nuevo compañero de piso, dudas, miedos… El fantasma de lo peor de cada día. Los pequeños fantasmas de todos los miedos y problemas de la vida diaria, se han unido, como en una serie japonesa de robots y poderes extraños, para dar vida a un solo fantasma, enorme y amenazador.
Consigo alejar al fantasma el tiempo justo para adormecerme y caer en los brazos de Morfeo. Sin embargo, el muy cabrón se percata de que, una vez dormida, no puedo utilizar mi mente consciente para combatirlo. Así que se instala definitivamente en mi cabeza y empiezo a soñar con más discusiones, facturas, fianzas, mentiras y odios disimulados. Pues qué bien.
A media noche, alguien que nadaba en mi vida y se puso a hacerse el muerto me reclama. El hombre sin saldo ha vuelto. Seis mensajes de esos de “Llámame, no tengo saldo” me despiertan. Decido pasar de él. Me doy media vuelta y, para mi sorpresa, cojo el sueño en seguida. Y con él vuelve el fantasma.
A las 8 de la mañana, suena el despertador y por fin vuelvo a la realidad. A decir verdad, no sé qué es peor. Mi vida se está convirtiendo en una paranoia increíble, no sé cuándo sueño y cuándo estoy despierta y, lo que es peor, no sé cuál es la pesadilla. Me quedo en la cama, hecha una bola, dormitando. Pienso en todo lo que he soñado, el último sueño ha sido una bronca increíble con mi compañera de piso, y ha sido tan real que casi no me atrevo a salir de mi habitación.
Gruño bajo las sábanas. Odio los lunes. Y sigue lloviendo.