Domingo

Siempre he odiado los domingos. Eran la antesala del horror, el día antes a la vuelta a clase o, en el peor de los casos, al trabajo que hacía de tu vida un asco. Sin embargo, he llegado a echar de menos esos domingos de no hacer nada y saber que estaba perdiendo el tiempo.

Odio trabajar como una ********* (insértese aquí el calificativo que más conveniente resulte) todo el fin de semana y tener exámenes el lunes. O el martes, que el lunes estoy tan agotada que no estoy, directamente, mi cuerpo vacio se mantiene despierto, pero no hay nadie en casa.

Reconozco que, generalmente, me lo paso bastante bien en el trabajo. Como buen bar, los domingos se compra el partido de Osasuna y sufrimos todos juntos, los parroquianos y yo, la directora de orquesta. Entre cafés y vinos, los hay quienes se comen el farias, los que se tragan el limón de la cocacola, y la que sufre un paro cardíaco cada vez que mis rojillos tienen que tirar un penalty (sí, yo). Acaba el partido, se va la marabunta y viene otra a cenar. Hoy, partido y cenas a la vez, que Dios me coja confesada, y que Osasuna gane, que si no me da algo.

Saldré sobre las 00.30 del curro, exactamente 9 horas y media después de haber entrado. Llegaré a casa y me pondré a estudiar francés. Me levantaré a las 5.30 y me iré a Pamplona en el bus de las 6.30, que a las 8.20 tengo examen de francés.

Este es mi domingo. No sé qué me deparará el lunes.

Deseadme suerte, por Dios...

08/02/2009 14:21. Autor: malkotxu. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Pamplona en blanco

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Hoy la ciudad está en blanco. Hace un rato parecía que había pasado la tormenta, pero ha vuelto a oscurecer y de nuevo todo en blanco.

 

Nieva copiosamente sobre Pamplona, como hacía tiempo que no veía nevar. El quitanieves pasa una y otra vez, no en vano llevamos esperando esta gran nevada desde noviembre, así que no hay problemas para circular. En la calle, dos valientes niños se entretienen en bajar una cuestita con un trineo. Y yo vuelvo a hacer lo mismo que hacía de cría, sentarme junto a la ventana y mirar al cielo, mirar  cómo cae la nieve hasta que me mareo y tengo que cerrar los ojos. A mis 26 años, la nieve hace que rejuvenezca por lo menos 20.

 

Adoro ver nevar, es algo increíblemente bello para mí (ya sé que soy una moñas, pero es mi problema), me relaja y, por el motivo que sea, me hace sentir bien. Hoy sin embargo ya me preocupa más, que tengo que coger el bus para irme a currar... Y tengo que llegar a currar, porque "Si no work, no money".

En fin, que hoy Pamplona esté en blanco, y espero que en mi pueblo también estén todos en blanco, porque lo que es yo, ya estoy vaciando mi mente a toda velocidad. Mirentxu también quiere estar en blanco.

07/02/2009 11:19. Autor: malkotxu. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

Vuelvo a volver...

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Exacto. Vuelvo a volver, una vez más, como tantas otras... Esta vez también vuelvo con el propósito de quedarme durante más tiempo. Sé que no son muchos los que solían leerme, pero quizá a algun@ le alegre verme de vuelta. Seguiré contando cómo va esta vida en blanco y negro en la que, afortunadamente, de cuando en vez cae algún chorretón de color.

Para la gente que me seguía por aquí y con la que no tenía contacto alguno, os pongo al día de lo qué han sido mis últimos meses de vida. No han pasado cosas importantes, la verdad, se me han frustrado algunos planes, como siempre, y ahora me vuelvo a encontrar en esa maldita encrucijada tan familiar, sin saber si seguir hacia un lado u otro, aunque reconozco que más de una vez me he planteado volverme para atrás.

Mis planes de irme a Londres iban perfectos hasta que el azar, el destino, o vaya usted a saber qué, les dio la vuelta y me los tiró por el suelo. Conclusión: en marzo termino el curso, me queda un mes de estrés y su correspondiente estrés postraumático; después, me quedan tres meses de prácticas en empresa por delante, que finalmente haré en Pamplona. Y después... Espero recaer en una empresa en la que no haya EREs ni historias, que la crisis les haya afectado de manera positiva y puedan darme un trabajo estable y de lo mío. O sea, que espero que me toque la lotería. Crucen los dedos y aprieten el culo, señores, que la menda necesita trabajar y hacer vida de adulta, salir del instituto, dejarse de apuntes, clases donde la gente no tiene más motivación que pasar el rato hasta que puedan salir a pasear en el coche que papá les ha comprado... En fin, salir de todo esto.

Por el resto, pocas novedades... Sigo compartiendo piso y sigo buscando compañeros nuevos cada dos por tres, que parece que todo el mundo viene de paso. Eso sí, M. y yo tenemos pensado largarnos las dos. Un apartamento chiquito, acogedor y BARATO en el Casco Viejo de Pamplona sería genial. Se admiten sugerencias y ofertas. Aunque el paro no ayude mucho, espero salir de esta.

La misma gente, los mismos sitios (aunque cierran nuestro local favorito por obras, y no sé qué va a ser de nosotras), los mismos horarios, el mismo salir corriendo cada sábado al mediodía para coger el bus e irme al pueblo a trabajar de ilegal durante doce horas el sábado y otras doce el domingo. Sí, ilegal. Pero, amigos míos, si una hace las cosas por lo "legal", no vive, y hay alquileres y facturas que pagar. Lo de comer y eso parece ser secundario en estos tiempos que corren.

Sé que hay gente que está peor que yo, y gente que está mejor. Yo me quejo, porque no estoy agusto y porque me da la gana. Supongo que un compañero de fatigas ayudaría, pero ese tampoco aparece por ningún lado... Sin embargo, ayer dos personas, masculinas las dos, me dijeron que estoy muy guapa, y mira, esa frivolidad me alegró un poquito la existencia. Chorretón de color en mi vida en blanco y negro.

 

Mientras tanto, quién sabe, a lo mejor hoy vamos a tener un buen día...

 

07/02/2009 10:50. Autor: malkotxu. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Un relato... TRES BALAS

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http://www.goear.com/listen.php?v=d7d7c94

Pincha con el botón derecho del ratón sobre el link, elige abrir en una ventana diferente, y lee el relato mientras escuchas la canción. Espero que lo disfrutes.

 

Me miraba, desafiante, con las manos en los bolsillos. El desprecio se veía reflejado en sus ojos, como tantas otras veces. No había dinero, la mierda nos comía por momentos, y ninguno de los dos aguantaba más la situación. Había que luchar hasta la muerte para salir de aquel agujero. Salir o morir.

-¡Vete a la mierda! –casi escupí en su cara.

-No tienes huevos –insistió él. –Nunca los has tenido.

-Tú conduces –sentencié. –Yo me encargaré del resto.

-Como quieras –concedió tras pensárselo durante un par de largos minutos.

Nos subimos al coche y nos dirigimos hacia nuestro objetivo. Ni siquiera me molesté en abrocharme el cinturón de seguridad. Había perdido cualquier atisbo de respeto o cuidado hacia mi persona, lo que era impensable hacía un par de años.

Conducía como un loco. Siempre lo había hecho. Cuando empezamos a salir, me aterraba ir en coche con él, se saltaba los semáforos y serpenteaba entre los coches casi sin pestañear, mientras mi pánico crecía conforme el indicador de velocidad iba subiendo. Cuando nos casamos, la cosa no mejoró.

Ahora era diferente, disfrutaba más volando con el coche que con las luchas que teníamos antaño en la cama. La velocidad, el peligro, las miradas de pánico de la gente que se cruzaba con nuestro coche, todo aquello disparaba la adrenalina en mi sangre y me hacía sentir viva, quemando todo el odio que había acumulado en mis venas durante aquellos años.

Los insultos se convirtieron en palizas, pero ciega, dejé que él me arrastrara al inframundo en el que había caído. Drogas, robos, armas, y el dolor de dos vidas rotas. "Lo que no te mata, te hace más fuerte", decía la gente y, lejos de matarme, todo aquello me había convertido en algo sorprendentemente fuerte.

-Es la última vez que te hago el trabajo sucio –le dije en cuanto aparcó frente al banco. –Después me largaré.

-Si te largas te mato –dijo con una extraña sonrisa. –Te necesito, no dejaré que nadie se aproveche de tus habilidades. Alguien tiene que traer droga a casa.

-¡Cállate! –dejó de reír y me miró con odio.

-Vamos, pequeña –se acercó a mí y me besó, como hacía antes, cuando aún me dejaba engañar. –Sabes que te quiero.

-Ya –contesté. Saqué la pistola de la guantera y, sin siquiera mirarle, la metí rápidamente en el bolso mientras salía del coche.

Ni siquiera me molesté en cubrir mi cara, como hacía antes. Quería que todo el mundo viera mi rostro, y que las cámaras de seguridad grabasen el brillo de la locura y el mono en mis ojos. Ah, el mono. Hacía un par de semanas que había dejado de drogarme, desde el día en que abrí los ojos y la realidad de mi propio odio me dio las fuerzas para aguantar la abstinencia.

Todo fue muy rápido. Intercambié un par de frases con el pobre muchacho que había tenido la mala suerte de estar en el banco en el momento en que yo iba a robarlo. Disparé unas cuantas veces y volví a llenar el cargador, llené las bolsas a toda velocidad y salí de allí antes de que nadie fuera capaz de avisar a la policía.

-Arranca –dije en cuanto me subí al coche, tirando las dos enormes bolsas al asiento trasero.

-Me has dejado impresionado –dijo mirándome con los ojos muy abiertos, aunque no pude adivinar si era producto de las drogas o de la admiración. –Has roto el ranking.

-¡Que arranques! –grité apuntándole con la pistola.

-Estás loca –soltó una risotada y salimos de allí dejando una marca de neumáticos en el asfalto, y un chirrido flotando en el aire.

Condujo durante unos cuántos kilómetros, hasta nuestra pequeña guarida, en medio de un bosque que, a su vez, estaba en medio de la nada. Bajamos del coche y yo saqué las bolsas.

-Veamos qué me ha traído mi princesa –sonrió, mientras empezaba a abrir una cremallera.

-Seguro que te gusta mi regalo –sonreí con ganas, intentando no reírme aún.

-¿Qué coño es esto? –me miró con incredulidad, parecía que los ojos iban a salírsele de las cuencas.

-Tu puto regalo –espeté con una mano en la pistola. Estaba loco y convenía andarse con cuidado.

-¡Maldita sea, esto es papel! –abrió la bolsa que quedaba, y sacó un montón de papeles doblados y atados como si fuesen fajos de billetes. -¿De qué coño vas?

-Oh, me habré confundido de bolsas –puse los ojos en blanco, haciéndome la despistada.

-Te vas a enterar, ¡maldita zorra de mierda! –se levantó y, cegado por la rabia, se abalanzó sobre mí. Por suerte, pude apartarme a tiempo, y no pude evitar reírme a carcajadas cuando lo vi caer al suelo.

-Eres un mierdas –seguí riéndome. –Ni siquiera te tienes en pie.

-Te voy a matar –dijo entre dientes mientras intentaba levantarse del suelo fangoso.

-Qué va, cariño –le miré con atención. –Hace muchos años que me mataste. Con las putas drogas, las palizas, las mentiras, el odio, con todo eso. Ya estoy muerta, cielo.

-Estás loca, hija de puta –me vio sujetando la pistola, y un reflejo de miedo pareció cruzar sus ojos sin vida. –No tienes huevos.

-Vaya, es la segunda vez que oigo eso hoy –sacudí la cabeza. –Has sido muy malo, y tendrás tu castigo.

-¿Te crees que no irán a por ti cuando vean los cadáveres en el banco? –amenazó.

-No hay cadáveres, mi amor –me reí de nuevo. -¿O te crees que fui yo sola quien metió los papeles en las bolsas? Soy buena, cariño –me acerqué y le acaricié el mentón con el cañón de mi pistola, -pero no tanto.

-Zorra –fue lo único que acertó a decir. –No tienes huevos para meterme una puta bala.

-Te meteré tres putas balas –dije imitando su voz. –Está todo atado. Mi avión sale dentro de dos horas, me voy lejos, a empezar de nuevo, donde no estés tú. Aunque, ahora que lo pienso, tú no estarás en ningún sitio –volví a reír.

-Estás loca. Te buscarán.

-Puede que esté loca. Pero, ¿de verdad crees que alguien se va a preocupar porque aparezca muerto un drogata de mierda? –me reí histéricamente. –Se acabó esta mierda. Se acabó.

Consiguió levantarse y se abalanzó contra mí. El sol, que ya caía, provocó que la hoja del puñal que sujetaba lanzara un destello, previniéndome de lo que intentaba hacer. Sin vacilar, con la vista fija en sus ojos, disparé.

Un disparo. Dos disparos. Tres disparos.

Metí tres balas en aquel cuerpo que llevaba años muriéndose, y guardé la pistola en mi bolso. La tiraría al río al salir de la ciudad, ya no iba a necesitarla más.

Rodeé el cuerpo de mi marido y me subí al coche. En el maletero, estaban las bolsas de dinero que sí había robado, mientras el pobre chaval del banco me preparaba los papeles, la noche anterior. A estas alturas ya se habrían dado cuenta. Arranqué y salí tranquilamente a la carretera, mientras pensaba que, al menos, esta vez no había muerto nadie inocente.

08/12/2008 16:27. Autor: malkotxu. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

Y he vuelto

Cierto, he vuelto, aquí estoy.

Han pasado muchas cosas desde mi marcha. Me quedé sin trabajo, volví a estudiar, y un montón de nuevos proyectos me han absorbido casi por completo durante estos 7 meses de ausencia.

Sigo siendo la misma, con unos kilos menos, un tatuaje y  un año más, que cumplí este mismo mes. 26 años. Ufff...En verano trabajaba todos los días, en tres cosas diferentes, ahora mi vida se centra en estudiar de lunes a viernes y desriñonarme trabajando en un bar sábados y domingos. Las ojeras son algo perenne en mi cara. Pero estoy satisfecha con lo que hago. Creo.

Últimamente, me ha dado por escribir otra vez. Ya os iré poniendo aquí retales de mi nuevo proyecto: relatos escritos a partir de una canción, la música no deja de inspirarme.

En fin, que sigo viva, quería que, si hay alguien a quien le importe, lo supiera.

 

Volveré. Lo prometo.

22/11/2008 12:19. Autor: malkotxu. Enlace permanente. Hay 1 comentario.

Campana y se acabó...

Porque a mí me da la gana.

Lo dejo. 

Que os vaya bonito a todos.

Quizá vuelva, quizá no.

¿A quién le importa? 

10/04/2008 18:58. Autor: malkotxu. Enlace permanente. Hay 5 comentarios.

Lento pero seguro, el meme...

Coge el libro que tengas más cerca, ve a la página 18 y escribe la línea 4:
[...]just been talking to Bartlett. And he mentioned[...]Five ghost stories

¿Si estiras tu brazo derecho, que tocas?
¿Hacia dónde? Hacia la derecha, la pared; hacia delante, la pantalla del ordenador; hacia atrás, la silla.

¿Qué ha sido lo último que has visto por la televisión?
No me acuerdo... No veo mucho la tele.

Sin mirar, ¿qué hora es?
Las 19.30

Ahora mira, ¿qué hora es?
19.33

Quitando el ordenador, ¿qué escuchas?
Gente en clase de inglés, mi compañero cuchicheando al teléfono. El teléfono.

¿Cuánto tiempo estuviste fuera el día que estuviste más tiempo en la calle?
Pues no lo sé, no cronometro esas cosas. Supongo que Sanfermines, un par de días más o menos. Suponiendo que los bares cuenten como "calle".

¿Antes de estar escribiendo en el blog, ¿qué estabas haciendo?
Unos informes del curro.

¿Qué llevas puesto ahora mismo?
Unos vaqueros, una chaqueta-camisa-cosa-rara-gris-que-mola y zapatillas deportivas.

¿Soñaste ayer?
Siempre sueño. Pero ahora mismo no me acuerdo. Me acordaré, eso fijo.

¿Cuanto tiempo te estuviste riendo la última vez que te reíste?
No sé, hace tiempo que no me río tanto como para considerarlo "estarse riendo un rato". Carcajada por compromiso y basta.

¿Qué hay en las paredes de la habitación donde estás?
Pintura, un corcho, un par de cuadros, mucha mierda, dibujitos que hago yo cuando me aburro mucho.

¿Has visto alguna cosa extraña últimamente?
A mi jefe ofreciéndome curro en Bilbao.

¿Cuál es la última película que has visto?
¿El documental de Berri Txarrak cuenta?

Si fueses multimillonario de la noche al día… ¿qué comprarías?
Una vida nueva. No quiero nada material. Sólo viajar, sola, gracias.

Alguna cosa sobre ti:
No, ¿para qué?

Si pudieras hacer alguna cosa en el mundo, independientemente de la política, ¿qué harías?
Me gustaría hacer feliz a la gente.

¿Te gusta bailar?
Sólo cuando me apetece.

¿Qué piensas de George Bush?
Que prueba que el hombre viene del mono; algunos todavía están tratando de evolucionar.

Imagina que, por reacción espontánea, tienes una niña, ¿qué nombre le pondrías?
Nahia.

magina que, en vez de tener a una niña, tienes un niño, ¿qué nombre le pondrías?
Iker.

¿Te gustaría vivir en el extranjero?
Me encantaría vivir en Londres, o en Estados Unidos. Lo de Londres lo haré en un año.

¿Qué te gustaría que te dijese Dios cuando llegues al cielo?
Que en el fondo no lo hice tan mal, y que hay gente que me echa de menos.

Indica el nombre de las 5 personas para hacer este meme:
Paso.

07/04/2008 19:42. Autor: malkotxu. Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.

Mi lunes. Este lunes. Hoy.

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Es lunes. Y llueve. Odio los lunes. Y sigue lloviendo. Llevo desde las 9 de la mañana fuera de casa, y no llegaré hasta casi las 10 de la noche. Vuelve a hacer frío, y la gente que camina por las calles de Pamplona me parece fría y huraña, como el tiempo.

 

El sábado por la noche y domingo a lo largo del día me dedico a ver cómo todo el mundo discute a mi alrededor. Reproches, gritos, malas caras y cortes desproporcionados. Pienso que tranquila, que sólo será allí, es cuestión de menos de 24 horas. Mientras, miro caer la lluvia por el rabillo del ojo, fingiendo que no me entero de la discusión, que no me afecta. Cuando llego aquí, seguimos con más de lo mismo. Ya ni siquiera puedo dedicarme a observar al cielo llorar. Me entran esos nervios tan familiares en el estómago, y me voy a la cama.

 

Apenas me quedan unas páginas de Memorias de una geisha. Las apuro, a sorbitos pequeños, disfrutando cada palabra, y viéndolo todo en mi mente. Parece que ya no va a llover más. Bajo la persiana, apago la luz, y me acuesto de nuevo, ahora para cerrar los ojos y dormir.

 

Antes de dormir, me gusta soñar despierta. Imaginarme situaciones placenteras y relajantes. Un paseo por un prado verde, el mar, imaginar que vuelo, historias que luego incluyo en mis relatos. Sin embargo, hace ya algún tiempo que no soy capaz de hacerlo. Me acuesto, cierro los ojos, y empiezo a visualizar. De repente, en mitad de mi vuelo sobre prados y mares, aparecen facturas, riñas, peleas, euros y euros (dubidú), búsquedas de un nuevo compañero de piso, dudas, miedos… El fantasma de lo peor de cada día. Los pequeños fantasmas de todos los miedos y problemas de la vida diaria, se han unido, como en una serie japonesa de robots y poderes extraños, para dar vida a un solo fantasma, enorme y amenazador.

 

Consigo alejar al fantasma el tiempo justo para adormecerme y caer en los brazos de Morfeo. Sin embargo, el muy cabrón se percata de que, una vez dormida, no puedo utilizar mi mente consciente para combatirlo. Así que se instala definitivamente en mi cabeza y empiezo a soñar con más discusiones, facturas, fianzas, mentiras y odios disimulados. Pues qué bien.

 

A media noche, alguien que nadaba en mi vida y se puso a hacerse el muerto me reclama. El hombre sin saldo ha vuelto. Seis mensajes de esos de “Llámame, no tengo saldo” me despiertan. Decido pasar de él. Me doy media vuelta y, para mi sorpresa, cojo el sueño en seguida. Y con él vuelve el fantasma.

 

A las 8 de la mañana, suena el despertador y por fin vuelvo a la realidad. A decir verdad, no sé qué es peor. Mi vida se está convirtiendo en una paranoia increíble, no sé cuándo sueño y cuándo estoy despierta y, lo que es peor, no sé cuál es la pesadilla. Me quedo en la cama, hecha una bola, dormitando. Pienso en todo lo que he soñado, el último sueño ha sido una bronca increíble con mi compañera de piso, y ha sido tan real que casi no me atrevo a salir de mi habitación.

 

Gruño bajo las sábanas. Odio los lunes. Y sigue lloviendo.

31/03/2008 17:55. Autor: malkotxu. Enlace permanente. Hay 3 comentarios.

malita.tv

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            ¡Cómo son las cosas! He pasado más de un mes escribiendo de ciento a viento y hoy, de repente, me encuentro con que tengo mucho que contarle al mundo. Siento unas ganas irrefrenables de sentarme y escribir, dejar que todo salga hacia fuera, lo bueno y lo malo, las risas y las lágrimas. Tengo un montón de temas en la cabeza, esperando a que tire de la punta de uno de ellos para ir desenrollándolo a la velocidad de la luz, mientras yo me enrollo. Qué rollo, ¿no?

 

            Vale, tonterías aparte… Voy a contar una de las cosas que tenía por ahí. Ayer estuve malita y no fui a trabajar por la tarde. Nada importante, algo que comí y me había sentado mal, creo. Fue un poco duro, pero después de agitarme durante un rato, como la niña del exorcista, conseguí echar el demonio fuera y, tras las secuelas físicas, vuelvo a mi vida de siempre. Ya sé que soy un poco gráfica, pero es realmente lo que pasó. Y es que yo tengo un problema. Cuando echo el demonio fuera, empleo toda mi anatomía, hasta el flequillo, de manera que luego me arrastro hasta la cama o el sofá, sacándole brillo al suelo, y me cuesta unas horas recuperarme.

 

            Como en la cama me aburría, llegué arrastrándome como una bayeta vieja hasta el sofá. Me tapé con la mantita, encendí la tele y me dispuse a adormecer a mis neuronas. ¡Qué buen remedio es la tele cuando una está malita! No estás tan mal como para estar fuera de la cama, pero no lo suficientemente bien como para leer o hacer algo productivo. Eso sí, por si acaso, me llevé mis Memorias de una geisha, que me lo estoy leyendo por cuarta o quinta vez.

 

            Con una mano en la barriga y otra en el mando a distancia, me di un agradable paseo por la televisión del siglo XXI. Lo de agradable fue al principio, riéndome de las tonterías que hacen Patricia Conde y Ángel Martín, viendo cosas curiosas, riéndome de todo el mundo a la vez que de mí misma. Ya, a lo mejor es un programa de lo más tonto, pero yo también soy bastante tontorrona, así que no debería de haber problema alguno. Ya hablaremos de este programa en post venideros, no os preocupéis…

 

            Después del programa, empezó el baile de canales. Jamás pensé que fuese a echar tanto de menos la televisión digital, que sólo veo cuando estoy en casa de mis padres. Ninguna de las películas que tengo por casa me atraía lo suficiente, y no me apetecía estar en el ordenador, así que seguí pasando los canales, y aquello era como bajar rápidos en un río enfurecido y con muy mala leche.

 

            Conseguí sobrevivir a los programas de la tarde de todos los canales, hasta que llegaron las noticias, Padre de Familia, el Hormiguero y Bones, buena serie, sí señor. Eso sí, las noticias me liaron aún más la cabeza.

 

            El asesino de la niña Mari Luz ha sido detenido y lo llevaban a Huelva, junto con su hermana, para prestar declaración. Todo el pueblo en la calle, esperando para vengarse a su manera. Policía, pedradas, un par de periodistas heridos y todos para casa. Bueno, no sé cómo acabaría la cosa cuando ese individuo salió de allí de nuevo. No sé cómo funciona el tema de la justicia en España, no soy abogada, ni sé nada de leyes. Pero, ¿cómo pudo este señor, por llamarlo de algún modo, hacer algo así? Ya, porque es un asesino, pero no es ese tema al que me refiero. Una persona que abusa de menores, incluída su hija de cinco años, ¿cómo puede estar en la calle para matar a otra niña? Según escuché, se había dictado sentencia y debería de estar cumpliendo condena. Se persiguió y controlo mucho más a un par de mozos de mi pueblo que estaban escapados por insumisos, en los tiempos de la “entrañable mili”. En fin. Y encima lo protegen. Yo le hubiera dejado entrar solo, a ver qué pasaba.

 

            Un hombre embarazado de cinco meses en Estados Unidos. Luego te cuentan que no, que en realidad no es un hombre propiamente dicho, que es un transexual que conservó los órganos reproductores femeninos con los que nació. No voy a entrar en el tema. Pero es sorprendente, cuanto menos, ¿no? La verdad, me alegré de que fuese un transexual. Es egoísta, raro y estúpido decir esto cuando aún no soy madre, pero quisiera que las mujeres siguiésemos teniendo la exclusiva.

 

            El precio de la vivienda se desploma. Los promotores decían “¡Qué va, señora, estas son las mejores condiciones que va a encontrar jamás para comprarse una vivienda!”. Yo me pregunto si había lago de ironía o de mala leche en sus declaraciones. Ahora dicen que no. Que el precio va a caer un 8% durante este año. Vaya, sonrío para mis adentros y pienso que, a lo mejor, dentro de 7 u 8 años consigo comprarme un trastero. Por cierto, mi más sincera admiración para todos esos valientes que están metidos en el ajo de la propiedad actualmente. ¡Ojalá todos tuviésemos la determinación, los huevos, ovarios o lo que fuera, y las ganas!

 

            En fin, que así fue mi tarde de ayer. Entre noticias, prensa rosa, agresiones, violaciones, cosas raras, canales, presentadores y más cosas raras. Lo cierto es que hoy ya me encuentro bien, no me duele nada, no ha vuelto a entrar en mí el demonio, no tengo fiebre ni me duele la cabeza. Eso sí, tengo la cabeza abotargada, descolocada, como si la tuviese debajo del agua. Estoy algo atontada, pero no ha sido ningún virus.

 

            Ha sido la tele.

28/03/2008 11:11. Autor: malkotxu. Enlace permanente. Hay 2 comentarios.

Miedo al cambio.

Nunca he sido una persona que se caracterizase por su inteligencia, por su saber hacer, o por tomar la decisión más adecuada a cada momento y situación. Los seres humanos fallan, tropiezan, se equivocan, caen, tienen miedo… Y yo soy más humana que nadie.

 

Cuando dejé de estudiar para ponerme a trabajar, no escuché más que reproches. Mis padres, mis amigos, mis compañeros de clase, mis profesores…  Dejé unos estudios en los que me desenvolvía como pez en el agua, a punto de terminarlos, porque ya no había dinero en casa. No he vuelto a recibir un céntimo de nadie. Pero eso no importa. Porque siempre hago las cosas mal.

 

A lo mejor alguien recuerda aquel post en el que ironizaba sobre la vida laboral en general, y la mía en particular. Nueve meses buscando otro trabajo para salir del sitio en el que me consumo, cobro poco, y tengo que aguantar cosas por parte de un compañero de las que no quiero ni hablar. En las empresas por las que pasaba pidiendo un puesto, resonaba el “Ya te llamaremos, gracias por venir”. Entre mi familia y amigos resonaba el “Ya te lo dije”. Y en mi cabeza sonaba el “Ya es hora de que os vayáis todos a tomar por culo”.

 

El caso es que, ironías de la vida, aquellos que me pagan mal y me explotan me han hecho uno de los regalos más bonitos que he recibido en mi vida. Lo mejor que me podía pasar a estas alturas de mi vida. Un despido (por “equis” motivos ajenos a mí), una indemnización, el paro durante bastante tiempo. Y la oportunidad de mi vida: terminar lo que dejé a medias hace ya unos cuantos años.

 

Me soltaron el “bombazo” cuando estaba a punto de firmar un contrato con otra empresa. Un trabajo de seis días por semana, mañana y tarde, aguantando quejas, sola en una oficina de atención al cliente, en una de esas compañías en las que te cobran por un servicio que realmente no te prestan. A la desesperada, como siempre. Me costó muchísimo reaccionar. Había ido allí dispuesta a mandar a freír espárragos (de malas maneras, todo hay que decirlo) a mis compañeros (a casi todos), a mis jefes, a la empresa, a los clientes y al mundo que giraba en torno a esta mierda. Y, en una fracción de segundo, tengo la mano de mi jefe en el hombro, y a él pidiéndome disculpas y agradeciéndome todo mi esfuerzo para con la empresa.

 

Salí del despacho con cara de no saber qué pasaba. Me senté en mi sitio y empecé a recoger mis cosas. Me daban plazo hasta junio, cuando se haría efectivo el despido pero, ¿para qué esperar? “Yo me largo de este agujero”. Una compañera, la mejor que he tenido en mi vida, me cogió del brazo y me llevó con ella. “Es tu oportunidad. Termina los estudios”, me dijo con una sonrisa de oreja a oreja. Le bastó poco tiempo para lavarme el cerebro y hacerme llamar a la empresa con la que iba a firmar. Obviamente, para decirles que no iba.

 

Ya ha pasado algo así como un mes desde aquel día y, aunque la decisión está tomada, sigo rumiándolo todo. En la cabeza, en el estómago, en el bolsillo y, como no, en mi familia.

 

Seguiré aquí hasta el mes de junio, cuando finalice oficialmente mi contrato. Me embolsaré el sueldo, la paga extra y la indemnización. No tendré problemas cobrando el paro. La semana que viene iré a hacer la preinscripción para el segundo curso de Comercio Internacional. Seis meses de clases más tres de prácticas, más que seguro en Londres, que ya está hablado.  Después… prefiero no pensarlo.

 

Me da miedo volver a estudiar. Me da miedo el fracaso. Me da miedo volver a estar en la misma situación en la que estoy ahora. Me da miedo lo que he tenido que oír: que soy un fracaso y al final he tenido que recular. Me da miedo que no se me dé tan bien como se me daba antes. Me da miedo ver que no se me apoya. Me da miedo todo.

 

Pero me da mucho más miedo abandonar(me) y no intentarlo. Deseadme suerte.

26/03/2008 13:40. Autor: malkotxu. Enlace permanente. Hay 4 comentarios.


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